viernes, 9 de abril de 2010

Las historias se cuentan porque... molan

Desde que el hombre es hombre ha sido un animal fabulador. Desde mi punto de vista es la característica más humana de todas. Sí, hacemos instrumentos, tenemos arte, hacemos la guerra, cantamos, componemos música, etc, etc... pero nuestra capacidad principal es la abstracción, esa capacidad de decir que el símbolo '5' representa la 'cantidad' de dedos que tenemos en una mano e incluso ¡creérnoslo!

Las fábulas ordenan nuestro caótico y cruel mundo, tanto lo ordenan que a base de creérnoslas hemos logrado que el mundo cambie hasta hacerlas casi verdad. Baste con recordar eso a lo que llamamos Justicia, que evidentemente no existe en el mundo, pero que a base de creer en ella hemos logrado que el mundo se comporte casi como si existiera de verdad -a ratos. Las fábulas nos consolaban ante la muerte de nuestros seres queridos, a comprender al temible rayo que caía desde el cielo, a domeñar el fuego, a incrementar nuestro valor, a hacernos pensar que estamos nosotros y luego los otros y en definitiva encarnan nuestras esperanzas, nuestra cultura y nuestra identidad.

¿Pero qué hace que nos quedemos pegados a la fogata mientras el shamán embutido con un ridículo sombrero de arpillera inventa a los dioses o nos cuenta historias ficticias sobre las heroicidades y vicios de nuestros antepasados? Es fácil, nos quedamos pegados a la fogata porque nos encanta escuchar historias, pero tienen que ser historias interesantes, como diría Urbatain historias en las que pase todo el rato cosas que molen (hay incluso una tira de Jarel al respecto, creo recordar).

No importa, por lo tanto lo maravillosamente bien que escribas. No importa si tu parser, tu plataforma, tu sistema entienda no solo castellano sino todas las lenguas ibéricas y sepa pillar el estado de ánimo del interlector entre tanto. No importa si tu presentación es alucinante, si has hecho una documentación que hace llorar de placer, o has compuesto una banda sonora que estremece y que será pronto tocada por la Filarmónica de Londres. Nada de eso importa si tu historia es un tostón.

Desde que el hombre es hombre si el shamán cuenta una historia aburrida el público se levantará de la fogata y se irá. Eso con suerte. Con mala suerte echarán al shamán a la hoguera.

4 comentarios:

  1. Bien dicho, aunque yo añadiría algo más: lo importante no es querer contar algo, sino tener algo que contar. Lo primero es muy frecuente, lo segundo, bastante raro... y así pasa lo que pasa ;V

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  2. Joder planseldon... esa última frase tuya eclipsa por completo todo el desvarío de Juanillo. :P

    Me la apunto para mi personal libro de citas. ;)

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  3. Completamente de acuerdo. Si la narración no engancha, pues no tenemos relato.

    Ahora bien, si la historia no encanta a todos, eso ya es otro problema, pero es verdad que narrar para un público que no siempre será receptivo, y por ende saber escoger qué se va relatar y cómo, es parte del arte de contar historias... y no todos somos artistas (o no lo somos todo el tiempo).

    Saludos,

    [INCANUS]

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